PREVENCIÓN PRIMARIA: es aquella practicada previamente al origen biológico de la enfermedad.
PREVENCIÓN SECUNDARIA: es aquella practicada después que la enfermedad pueda ser reconocida, pero antes que cause sufrimiento y discapacidad.
PREVENCIÓN TERCIARIA: es aquella practicada luego de la aparición del sufrimiento o la discapacidad con el fin de evitar deterioros futuros.
Esta clasificación es atractiva y simple, e incluso la seguimos encontrando en la literatura actual. En este esquema, la distinción entre prevención primaria y secundaria dependerá de la identificación del origen biológico de la enfermedad. Esta identificación es relativamente clara en las enfermedades infecciosas y en las lesiones, pero no sucede lo mismo con las enfermedades crónicas, las cuales son la principal causa de muerte y discapacidad en el mundo civilizado. ¿El infarto de miocardio comienza con el primer dolor o con la primera lesión de la pared arterial en la juventud? Cuanto más se sabe acerca de las enfermedades crónicas multifactoriales con largos períodos de latencia, el concepto “origen biológico de la enfermedad” se vuelve progresivamente más difuso.
La información hasta aquí expuesta ha sido extraída del artículo “An Operational Classification of Disease Prevention” del Dr. Robert Gordon Jr. (Public Health Reports 1983; 9S: 107-9), y nos permite, por un lado identificar qué tipo de prevención llevamos a cabo en nuestro ejercicio profesional, y por otro lado conocer alguna limitación de este sistema de clasificación (ej.: el límite difuso entre prevención primaria y secundaria).
Si bien hay mucho por hacer desde la actividad física como estrategia de prevención secundaria y terciaria, el rol del profesional de la educación física y la actividad física en relación a la salud debería ser principalmente de carácter de prevención primaria. Evitar que la enfermedad crónica potenciada por el sedentarismo aparezca es un objetivo fundamental (pero obviamente no el único) de nuestro ejercicio profesional. Trabajamos con una herramienta capaz de retrasar tanto la aparición de ciertas enfermedades crónicas que quizás nunca aparezcan en personas físicamente activas: “desarrollar un Síndrome Metabólico¹ se puede retrasar tanto que nunca aparezca.” (Campillo Álvarez J. El mono obeso. Editorial Crítica. 2004, pp 216).
A continuación veamos el resumen de un artículo publicado recientemente, en donde se intentó recopilar la información existente hasta el momento acerca de la relación entre actividad física y salud. El artículo fue publicado en marzo de 2006 en la revista Canadian Medical Association Journal por el Dr. Darren E.R. Warburton y colegas, del Laboratorio de Fisiología y Rehabilitación Cardiovascular de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, Canadá (CMAJ 2006; 174: 801-9). En el mismo se revisó la evidencia publicada hasta el momento acerca de los efectos de la actividad física en el desarrollo de enfermedades crónicas y de muerte prematura (se revisaron 152 publicaciones). El artículo se titula: “Health benefits of physical activity: the evidence” (Beneficios de la actividad física para la salud: la evidencia):
“El propósito principal de esta revisión fue evaluar la literatura actual y proveer una idea adicional acerca del rol que juega la inactividad física en el desarrollo de enfermedades crónicas y muerte prematura. Confirmamos que existe evidencia irrefutable de la efectividad de la actividad física regular en la prevención primaria y secundaria de diversas enfermedades crónicas (por ejemplo, enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, hipertensión, obesidad, depresión y osteoporosis) y muerte prematura. También revelamos que las recomendaciones actuales de actividad física “Health Canada” son suficientes para alcanzar beneficios en salud, especialmente en gente previamente sedentaria. Parece haber una relación lineal entre actividad física y estado de salud, así, aumentos adicionales de actividad física y de aptitud física proveerán ganancias adicionales del estado salud.”
La lectura del fragmento del artículo del Dr. Warburton y colegas nos permite concluir que existe suficiente evidencia como para justificar intervenciones de actividad física como estrategia de prevención primaria en toda la población; sobre todo cuando analizamos las estadísticas de salud de nuestro país y observamos que en Argentina la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte (Situación de salud en Argentina 2003. Ministerio de Salud de la Nación), y que el 46,2 % de los argentinos no realizamos el mínimo de actividad física recomendado internacionalmente para obtener beneficios en salud (Encuesta nacional de factores de riesgo 2005. Ministerio de Salud de la Nación). Por lo tanto creemos que lograr una comunidad físicamente más activa es de suma importancia para la salud general de nuestros conciudadanos.
En este campo de estudio el principal desafío dejó de ser resolver “¿cuáles son los beneficios de la actividad física para la salud?” y hemos pasado a una instancia subsiguiente del proceso investigativo, ahora tendríamos que invertir la mayor parte de nuestros esfuerzos en resolver “¿cómo hacemos para construir una comunidad físicamente más activa”. Con este problema de investigación hemos comenzado el milenio y todavía no lo hemos podido resolver satisfactoriamente.
La población debe conocer que si no realiza ejercicio físico y/o constantemente evita los esfuerzos físicos (esto último facilitado por los avances tecnológicos que nos permiten evitarlos con un éxito contundente) estará deteriorando su funcionalidad y su salud. Por este motivo no nos debería “agitarnos” la lucha contra el sedentarismo y no deberíamos asustarnos de las campañas de toma de conciencia hacia los ciudadanos, más bien deberíamos acompañarlas y completarlas desde la Educación Física.
En este sentido voy a citar al Dr. James V. Neel, formulador de la hipótesis del “genotipo ahorrador”², quien cree que la solución a algunas enfermedades de la civilización demanda un abordaje desde el entorno y la conducta:
“Las diversas culturas tecnológicas del mundo están muy acostumbradas a pensar en términos de milagros médicos y soluciones rápidas que no requieran esfuerzo por parte del destinatario.”
“Si no podemos convocar a la autodisciplina para mejorar nuestra salud personal, entonces ¿será posible convocar a la disciplina social para resolver los diversos problemas que surjan de la expansión de las poblaciones y la disminución de los recursos?” (Neel J. V. The “thrifty genotype” in 1998. Nutrition Reviews 57: S2-S9. 1999).
Sin duda la Educación Física escolar es de importancia suprema a la hora de construir ciudadanos capaces de llevar a cabo un estilo de vida activo y saludable. Y aquí caben algunas preguntas: ¿está hoy la Educación Física a la altura de las circunstancias como para enfrentar este desafío? ¿Se están formando docentes en Educación Física con los conocimientos y la motivación suficientes como para lograr una comunidad más activa y saludable?
Lograr una comunidad más activa no es el único desafío de la Educación Física, pero no puede seguir estando fuera de los objetivos de nuestro ejercicio profesional.
Lic. Martín FARINOLA
aentrenarse@yahoo.com.ar
Asignatura “Musculación aplicada a la salud y la calidad de vida”
Área orientada “Musculación”
ISEF Nº 1 “Dr. Enrique R. Brest”
NOTAS
¹ El Síndrome Metabólico, una condición caracterizada por obesidad central, hipertensión, resistencia a la insulina, y dislipidemia aterogénica, es un desorden importante y de prevalencia creciente en el mundo desarrollado (Bruce Martin, John B. Watkins III, and J. W. Ramsey. Evaluating metabolic syndrome in a medical physiology laboratory. Adv Physiol Educ 28: 195–198, 2004).
² La hipótesis del “genotipo ahorrador” fue introducida por James V. Neel en 1962, la misma trata de explicar el origen de la diabetes tipo 2. Un disparador insulínico veloz ha sido ventajoso para las comunidades primitivas de cazadores-recolectores, con sus típicos ciclos alimentarios intermitentes (atracón-hambruna), para almacenar energía en el tejido adiposo y así poder conservar el preciado glucógeno hepático. Pero actualmente con la sobrealimentación que existe en naciones tecnológicamente avanzadas (atracón sin hambruna), este genotipo sería el causante de la aparición de desórdenes metabólicos que culminan en el padecimiento de diabetes (Neel, J. V., 1999).
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