Que pueden resultar útiles para replantear nuestras estrategias de intervención, en un campo profesional que también se ha modificado profundamente.
Lo apasionante radica en la posibilidad de pensar estas transformaciones, precisamente mientras las vivimos. Eso sí, voy a referirme sólo a algunos de los cambios y no supongo que las descripciones que hago y las conjeturas que abro, tienen validez para todas las realidades.
La primera evidencia nos indica que profesores de Educación Física, ya desde hace tiempo, nos movemos en ámbitos de desempeño a los que podríamos llamar "no convencionales", sin abandonar por ello los "clásicos", la escuela, el club, las colonias, los campamentos.
Cambian también los destinatarios de nuestras enseñanzas. Muchas veces no nos vemos las caras con alumnos, en el sentido convencional del término, sino con consumidores.
La segunda evidencia señala que, Inclusive en la escuela, debemos enfrentar situaciones inéditas. La escena tan temida años atrás, aparece en toda su crudeza: no sólo los alumnos no quieren aprender lo que nosotros sabemos y suponemos adecuado enseñarles porque tiene que ver con una educación corporal, sino que, frecuentemente, parecen sin ganas de afrontar cualquier tipo de experiencia con el propio cuerpo. Ese desgano es, claro, motivo de preocupación. Más aun: es motivo de sufrimiento. El sufrimiento de todo aquel que no se puede constituir con otro, que no se puede componer, que no puede pensar con otro o dialogar con él. Tal sufrimiento suele exteriorizarse en todo encuentro docente a través de una insistente pregunta:
Punto clave ¿Qué se puede hacer con chicos apáticos y desinteresados a los que nada parece entusiasmarlos?
Ese diversificado panorama profesional presenta serios obstáculos a nuestro desempeño. Surgen porque debemos enfrentarlo con una lógica pedagógica grabada a fuego en nuestros genes, que nos impulsa a querer enseñarle a toda persona que se nos ponga por delante, sobretodo si es un niño o un adolescente.
Entre otras cosas, esa lógica pedagógica, señalaba al esfuerzo como un componente incorporado a la tradición pedagógica misma. Cuya esencia consistía en exigir el esfuerzo necesario para sostener cualquier aprendizaje. Más allá de que los alumnos se conectasen, se "enganchasen" o se divirtiesen. Y el esfuerzo se aceptaba por el resultado que iría a alcanzarse. Pero hoy ese esquema está agotado. No para la lógica pedagógica; pero sí para aquellos que parecen ubicarse más como consumidores/ usuarios/ clientes o espectadores. La frustración es tal, al no poder enseñar, al ver nuestra expectativa siempre defraudada, que las clásicas preocupaciones docentes se fueron desplazando del qué enseñar al por qué no se puede enseñar.
No es un tema menor. Inclusive, la mirada de la investigación deberá entonces dirigirse a la intervención pedagógica pero también a intentar saber qué pasa con la subjetividad del que interviene, del que lleva adelante la intervención, del que diseña las estrategias. O sea, nosotros, los maestros y profesores. Proceso que intentamos llevar adelante en instituciones que muchas veces han agotado su capacidad, precisamente, de producir subjetividad.
Solemos estar tan desbordados que, en verdad, no podemos enseñar. Surgen entonces los interrogantes... ¿ Cómo constituirnos subjetivamente como profesores de Educación Física, cuando ninguna de nuestras prácticas parecen tener sentido en muchas circunstancias?
¿Cómo no sentirnos desbordados cuando sabemos que ciertas propuestas corporales no pueden ser hechas con chicos mal alimentados? ¿ Cuándo no disponemos del mínimo espacio razonable para enseñar nuestra disciplina? ¿Cuándo ante cualquier juego o actividad que implique alegría, bullicio, diversión, molestamos a las maestras que están en las aulas, pegadas al corredor en el cual damos la clase? ¿Cuando cualquier caída de un chico hace temer la aparición del padre con un abogado? ¿Cuándo sabemos que los niños o adolescentes, nuestros alumnos, no están viviendo esas etapas de la vida como se supone debe vivirlas un chico? ¿Cuándo sabemos que deben trabajar, que roban, que van con armas al colegio, que son golpeados y abusados? Es decir, que les pasan cosas que no deberían pasarles.
¿Choque de lógicas?
Parece evidente que, inevitablemente, va a producirse un choque de lógicas. Es que, en ciertos ámbitos, se enfrenta la racionalidad pedagógica que sustentamos con consumidores compulsivos. O con alumnos que parecen ser más que nada usuarios de la escuela. (Digo usuarios en el sentido de que se apropian de ella, como un recurso. Pero su lugar es la calle o un hogar que poco conserva de tal). Desde luego que esa operación de uso destituye la institución. Con lo cual quedan destituidos el universo del saber, de la autoridad, de los valores.
Por cierto, estos chicos son TAMBIËN consumidores de tecnología y de medios, con lógicas y subjetividades de espectador. Para el discurso televisivo, por ejemplo, no hay niños, no hay adolescentes, no hay adultos Hay consumidores de medios.
Punto clave: La televisión hoy, tiene capacidad de producir subjetividad, cosa que la familia y la escuela ha perdido. Los chicos pueden no poseer las destrezas de la lecto escritura, por ejemplo. Pero son expertos en opinar, hacer "zapping" y leer imágenes.
La transformación contemporánea convierte a ese niño, hombre del mañana, en un consumidor de hoy; o un expulsado del consumo de hoy. Las empresas que comercializan celulares, por ejemplo, consideran que el sector del mercado más prometedor está constituido por los niños de 8 a 12 años, sin que importen las clases sociales. Esas empresas, se manejan con el criterio de que los pobres no son víctimas sino consumidores en potencia. Y también que los niños son puro presente, no proyecto de futuros ciudadanos críticos. La dimensión del futuro es inconcebible para los mercados actuales.
Esta situación desconcierta al docente. ¿ Qué se puede hacer?
Habría que pensar nuevas formas de pensar nuestras propias lógicas. En tiempos de sociedades líquidas, una vía de reflexión consiste en basarnos en esas evidencias mencionadas al principio, no para aceptarlas tal como nos llegan, sino para involucrarnos profesionalmente a partir de nuevas comprensiones. Por ejemplo, vale la pena analizar:
- Las direcciones que ha tomado el consumo de lo corporal en las sociedades actuales.
- Las dificultades que se nos presentan cuando no hay instituciones que produzcan encuentros y vínculos. Tradicionalmente fueron la escuela, la familia, en algún momento la iglesia, la sociedad civil, las que aseguraron espacios sociales estatales en lo cuales había disciplinamiento- casi siempre excesivo- pero al menos, las situaciones eran reguladas, estables, se reproducían y aseguraban, tal vez parcialmente, esos encuentros. Ante la "destitución institucional" los espacios se vuelven caóticos, dispersos.
- Revisar ciertos conceptos, históricamente arraigados, que nos señalan cómo debemos pensar a niños y adolescentes. La infancia ha ido variando. Cuando tratamos de entender como son los chicos y los adolescentes hoy, nos encontramos con apuntes y con una bibliografía que nada tiene que ver con los chicos reales. Así, por ejemplo, permanece sin reflexionar porqué, en ámbitos familiares y escolares, rara vez se ha dejado lugar al pensamiento de los propios chicos. Volveré más adelante sobre este punto.
Vamos a ese análisis de la lógica del consumo...
¿ Qué aspectos la caracterizan?
1. Esa lógica empuja a las personas no sólo a suponer que todo es posible en relación a los objetivos que quiere alcanzar en lo corporal, sino que también las impulsan a dejar de entender los problemas y desafíos que plantea la construcción de un proyecto personal de gestión del cuerpo a lo largo de la vida. Gestión que incluye tres aspectos:
- Una relación con el cuerpo y con el cuerpo de los demás, lo más inteligente significativa y profunda posible. Llena de sentidos y significaciones que nunca se alcanzan en soledad y en ausencia de maestros trascendentes.
- Una disposición a preservarse, inclusive en situaciones muy difíciles como las que todos atravesamos. Me refiero al uso de drogas, el alcohol, el fumar, los malos hábitos alimenticios, el sexo inseguro, los embarazos precoces, el vivir en estrés permanente, la falta de proyectos para el futuro, el presente como única dimensión temporal, el aislamiento y la pobreza de los vínculos sociales y personales. (El aprender a "cuidar de uno mismo" es un concepto muy maravilloso que merece ser reflexionado y llevado a la enseñanza).
- Una conciencia objetiva del propio cuerpo. Que significa que no solo puede otorgarle sentido a su "ser corporal" en el mundo, sino que sabe como cuidarse para no lesionarse ni enfermarse y sabe entrenarse.).
Volviendo al consumo...
2. Todo buen consumidor está acostumbrado a la pronta satisfacción de sus deseos. Por lo tanto exige soluciones inmediatas que en el campo de lo corporal jamás pueden alcanzarse con la prontitud que él desea.. Eso deja las puertas abiertas para todo tipo de propuestas marketineras que le sugieren que "el cielo es el límite" y que la ciencia y la tecnología están prontas para colaborar si ese límite lo marca un aporte genético no del todo satisfactorio.
3. Razonamiento que nos permite la siguiente afirmación: No hay dudas de que podemos hoy hablar de una industria del fitness que debe ser considerada parte de la industria cultural. Como buena industria, la industria del cuerpo se maneja con una lógica mercantil; por lo que, por lo general, se aparta de la búsqueda de otros valores que no sean los estrictamente comerciales. Sugiere, por ejemplo, que todo puede ser consumido como una mercancía; inclusive la educación. Las mercancías pueden llamarse indoor cycling, aero-salsa, body pump, body combat, body balance, hip-hop, caño, comedia musical, Pilates o cosas por el estilo.
4. Esas mercancías que fabrica la industria del fitness, tienen como objeto divertir. La primera acepción de la palabra divertir, de raíz latina, es apartar, desviar, alejar. Habría que preguntarse de qué realidad alejan algunas de las propuestas corporales actuales. Con una mirada sesgada por la ideología, nos tienta decir que alejan de la posibilidad de construir ese proyecto de gestión del propio cuerpo mencionado. Pero ya veremos que las miradas fuertemente ideologizadas, no sólo corren el riesgo de fosilizarse, sino que también pueden impedirnos construir nuevos sentidos en las relaciones con nuestros alumnos. (Aunque ellos, muchas veces, no solo no parecen serlo, sino que ni siquiera se ubican como tales).
Acabo de leer en un artículo de Humberto Eco, un episodio que refleja a la perfección las nuevas situaciones que enfrentamos: un alumno se dirige a su profesor y le pregunta. "Profesor, en la era de Internet... ¿usted para qué sirve?
Si intentamos independizar la mirada de lo ideológico, puede considerarse que inclusive esas propuestas consumistas, pueden ser significativas. A menudo son capaces de apartar de la soledad y el aislamiento, pueden alejar del sedentarismo y el olvido de toda práctica corporal, tienen el potencial, en suma, de "enganchar" a las personas con sus cuerpos.
Imaginemos entonces, la posibilidad de dotarlas de sentidos nuevos. Toda una tarea. Expresado de otra manera, diría que no me parece adecuado seguir con la arraigada costumbre de rechazar de un manotazo enojado, todo lo que no coincide con nuestra posibilidades de leer una realidad compleja. Recordemos que para muchos filósofos, todo criterio de verdad, incluido el de verdad científica, es fruto de una interpretación. Desde luego que no estoy recomendando aceptar acríticamente propuestas que significan una evidente banalización de lo corporal. Mi intención, en cambio, pasa por sugerir mirar con mayor sospecha nuestras propias convicciones. El próximo punto, sin ir más lejos, señala la importancia de tratar estos temas sin anteojeras.
5. Adicionalmente, esta misma lógica del consumo lleva a la destrucción de la política por una segunda e insospechada vía: los ciudadanos, transformados en tristes y hasta compulsivos consumidores, ingresan en un mecanismo demandante de satisfacción de supuestas necesidades, que los aleja del compromiso cotidiano exigido por una concepción política en serio, hecha del ejercicio de derechos y obligaciones. Me incluyo entre los que piensan que los argentinos tenemos más predisposición a convertirnos en "hinchas" que en ciudadanos. Concibiendo a un ciudadano como aquella persona capaz de gobernar y de dejarse gobernar.
Ya en este tema político, digamos que el cuadro se agrava ante la evidencia del traspaso del control de factores económicos cruciales de manos de las instituciones representativas de los gobiernos, a manos del libre juego de las fuerzas del mercado. Como sucede con la televisión, por ejemplo.
Hasta aquí los aspectos salientes del consumo de lo corporal que suele advertirse en ámbitos no institucionales, por ejemplo en los gimnasios. Nos coloca, ante una alternativa bien conocida por muchos de nosotros:
Punto clave: Si ante la transformación del cuerpo en objeto de consumo nos plantamos obcecadamente en nuestra lógica pedagógica, con ese afán de enseñarle saberes del cuerpo a todo lo que se nos ponga por delante mencionado, es posible que nos veamos en dificultades y no podamos incluirnos en ciertos espacios para humanizarlos y darles mayor rigor científico.
Me preocupa que nos la "creamos". Que supongamos que todos los saberes sobre el cuerpo que valen la pena están en nuestras manos. Y más me preocupa la descalificación a que sometemos a todos los no profesores. Frecuentemente, la descalificación que uno oculta sobre sí mismo, suele manifestarse en la sospecha sistemática sobre los demás. Puede ocultar la imposibilidad de creer en uno mismo, por ejemplo. Ya Nietsche advirtió las huellas del resentimiento en el origen de una moral.
Ante ese riesgo viene bien recordar que la EF está atravesada, desde hace tiempo, por la noción de crisis. Noción ésta que impregna el área. Crisis de identidad, crisis de sentido, crisis de extinción; pero crisis al fin. En tanto, otras manifestaciones de la cultura corporal tales como el deporte espectáculo- como negocio estrechamente vinculado a la globalización- las prácticas corporales de raíz recreativa ligadas al ocio y el tiempo libre y la señalada industria del fitness gozan, pese a todas las observaciones y hasta brutales contradicciones por las que atraviesan, de perfecta salud, congregando adeptos y fanáticos por millones. Insisto, por lo tanto en que en nuestras discusiones sobre la identidad de la Educación Física, no olvidemos de analizar si parte de la crisis no se debe a que nuestra disciplina se ha:
- Burocratizado y agotado en rituales que parecen solo destinados a perpetuarse a sí mismos.
- Alejado del placer y las alegría del juego, la gimnasia y los deportes para transformarse en obligatoria y sujeta a calificación.
- Mantenido ignorando los usos y abusos que hacen del cuerpo las culturas juveniles. Imposibilitando así su posible acción orientadora en un caso y moderadora en otro.
- Permanecido demasiado fiel a su propia historia como especialidad ligada al disciplinamiento y control de los cuerpos.
- Convertido, sin darse cuenta, en una favorecedora del sedentarismo a que empuja la escuela: los trámites administrativos, las largas explicaciones, las demoras para tratar problemas de orden o disciplina, las "colas" esperando para ejercitarse, los tiempos utilizados para trasladarse a los lugares de práctica han disminuido a límites mínimos los tiempos reales de ejercitación corporal.
- Como pueden parecer afirmaciones muy severas, vamos a profundizarlas un poco más.
¿Qué sucede en la Educación Física escolar?
Cuando pensamos en ella, puede no gustarnos lo que vemos por las visibles ausencias. Por eso, me interesa concentrarme ahora en la segunda evidencia; que trata sobre algunas inéditas situaciones que debe enfrentar el docente que se desempeña en ámbito escolar. Y para las cuales no suele estar preparado.
Comencemos con unas pocas preguntas que patentizan esas ausencias:
1. Sin familia transmisora de ley, sin escuela formadora de ciudadanos y sin Estado protector..¿ cómo se puede ser un chico hoy? En la modernidad, cuando hablamos de infancia hablamos de las instituciones que las cobijan y albergan. Ante todo el niño es hijo y alumno. La familia lo produce como hijo y la escuela como alumno. Ahora bien: ese niño que "todavía" no es adulto y tampoco ciudadano, signado por un tiempo presente en el que "todavía" no es...¿ cuándo es escuchado? Inevitablemente hay que contestar que es la familia y la escuela las que no escuchan. Es clásico que tanta en una como en otra se festejen las ocurrencias de los chicos, sin considerarlas su pensamiento. Al pensamiento lo desestimamos clasificando la ocurrencia como " cosa de chicos". Si estas ocurrencias no ceden a los civilizados intentos de la educación, entonces las llamamos patologías. Puede costar aceptarlo, pero la delimitación entre lo normal y lo patológico es, todavía, un mecanismo profundamente arraigado en las preocupaciones de los padres y maestros. No es exagerado entonces, hipotetizar que:
Punto clave: Las instituciones están orientadas para que los chicos piensen de acuerdo a normas, no para que piensen.
Por otra parte...
2. ¿Qué sucede con las instituciones cuando no hay instituciones? ¿ Qué sucede cuando existe un evidente agotamiento del Estado como Mega institución y de allí para abajo un agotamiento de la escuela, la universidad, la iglesia, la familia y el resto de ellas? Hay que recordar que en la modernidad, la usina práctica fundamental de producción de subjetividad era el Estado, que alcanzaba, albergaba y volvía compatibles a todas las otras
3. ¿Acaso debemos admitir que la escuela está desapareciendo y junto con ella, nosotros, los maestros?
De lo que no hay dudas es que las instituciones educativas han tocado fondo. Toda institución se sostiene en una serie de supuestos. Por ejemplo, la institución escolar necesita suponer que el alumno llega a la escuela bien alimentado, limpio, abrigado. Hoy, la distancia entre lo supuesto y lo que en realidad se presenta es abismal. La escuela no puede menos que suponer el tipo de alumno que va a habitarla; sin embargo, la lógica social no entrega ese tipo de chico en las condiciones imaginadas. ¿ Qué posibilidades puede tener un maestro o un profesor de Educación Física cuando deben inventar una serie de estrategias para poder habitar ellos mismos las instituciones en que se desempeñan?
Punto clave: Es interesante que sea la escuela la que aún supone que hay poder, que hay transferencia de un saber, que se educa, en tanto los chicos están declarando permanentemente agotado el dispositivo.
Hoy los chicos pueden seguir estando oprimidos pero ahora están en la escuela fundamentalmente aburridos. De la opresión, los que nos acunamos con la teoría crítica, algo sabemos. Pero del aburrimiento, no. Lo primero que debemos plantearnos es si el programa de la materia que estamos enseñando es el adecuado; con lo que se abre una vía para preguntarnos sobre la validez de lo que estamos haciendo como docentes. Luego, vendría bien volver a pensar de qué hablamos cuando hablamos de niños, prepúberes y adolescentes.
Existe una idea muy impresionante de Spinoza: "El concepto de perro, no ladra". En relación con los niños y adolescentes habría que decir: "El concepto de un niño o un adolescente no es un niño o un adolescente". Con el concepto sobreimponemos una representación de lo real para después exigirle a lo real que se comporte según la representación. Pero si hay algo que los chicos no hacen, es hablar y comportarse con su cuerpo de acuerdo al concepto. El concepto es un instrumento pero no es saber.
Como les decía, hoy un niño puede no estar intermediado por las instituciones, puede ir a la escuela para no estar a la intemperie total. Tener un lugar dónde ir, llegar a un lugar es mejor que la incertidumbre total. "Estar ahí" es subjetivamente algo. Produce alguna forma de cohesión. Claro que esto puede no tener nada que ver con las expectativas que todavía tenemos los maestros. Un adolescente puede estar "en banda" por el abandono en que el que vive pero también porque la banda a la que pertenece y sus códigos, son el único "nosotros" que conoce. Muchos adolescentes, en situación de catástrofe, pueden enfrentar crisis de supervivencia, otros de existencia. Pero para todos vale que si no han aprendido qué es la ley, no pueden establecer lo que está bien y lo que está mal. Los valores caen cuando se agota la institución de la ley. Con esos chicos ¿ Cómo hablar del juego limpio, por ejemplo? ¿ Cómo hablar de enseñar el espíritu de la regla?
Los valores trascendentes de justicia, bien, mal, amor fidelidad, saber, autoridad le permiten al individuo esté en la situación que esté, escuela, familia, empresa, manejarse de acuerdo a ellos de manera eficaz, congruente, adecuada. El sentido de la ley y el bien, por ejemplo, era el mismo en todos lados. Lo que aseguraba la identificación con ellos. Y durante toda la vida. Pero ... ¿ qué pasa cuando ya no hay identificación con esos valores trascendentes?
¿Qué puede hacerse en situaciones no ya de expulsión sino sencillamente de catástrofe?
Tenemos que acostumbrarnos a vivir en la falta de certeza, y al mismo tiempo, tenemos que mantener la esperanza que no debe ser confundida con ingenuidad, en una época que el yo, sujeto de pensamiento, parece en vías de extinción.
La escuela no desaparecerá en tanto haya algo que fundar y algo en lo que creer. Habrá escuela y habrá profesores de Educación Física, aun en las peores situaciones, en la medida que nos decidamos a ser afectados profundamente por unas prácticas llamadas escolares.
Podremos relacionarnos hasta con los consumidores más recalcitrantes, siempre que no abandonemos la convicción en el valor de la educación para ayudar a las personas en el proyecto de constituirse como personas.
Como cierre y recordándoles que no porto recetarios, les digo que no se me ocurre otra forma de aproximación profesional, en muchas situaciones en las que nos colocan nuestras prácticas, más que la ejemplificada por "Gorilas en la niebla". En esa película protagonizada por Sigourney Weaver, se narra la historia real de una antropóloga, finalmente víctima de los traficantes, en su lucha por preservar y proteger las comunidades de gorilas, en Africa. La protagonista, en su afán de conocer y ayudar lo más posible a nuestros primos hermanos, se introduce en sus comunidades y no sin riesgo, comienza a entrar en contacto con ellos, con los códigos de los mismos gorilas. Entiende rápidamente que esa es su única posibilidad de ayudar verdaderamente. Creo que ese entrar en contacto sobre las bases de las necesidades del otro, radica, en la modernidad tardía, la primera, si no la única, posibilidad de desempeño profesional.
Cuánto más catastrófica sea la situación social en que se produce la intervención, más deberíamos evitar suposiciones teóricas previas (que se transforman con facilidad en anacrónicas), más deberíamos evitar representar a otros. Es decir, no deberíamos suponer quiénes son, sino, como primera medida, ser fieles a su modo de existencia.
Representar es imaginarse al otro, tener una teoría sobre él. Incluso si uno supone que la escuela en la que trabaja apenas existe, que no hay ley ni universo simbólico, está representando, lo que puede dificultar entrar en contacto. Para contactarse hace falta, al menos al principio, correrse de la lógica pedagógica. Hace falta no ubicarse desde un supuesto saber, porque ese saber va a alejarlo de los chicos. O de los adultos consumidores/usuarios/clientes. Claro que hace falta admitir que uno es superfluo y que sólo logrará constituirse como maestro cuando empiece a existir para el otro.
Punto clave: Muchas veces, se intenta ver una demanda de los chicos en ciertas conductas que desarrolla. Es otro intento de representación. A los adultos nos cuesta admitir que podemos no existir significativamente para ellos; que se han declarado autónomos: puede decirse que son pos- familia y pos-escuela.
Para existir para el otro, resulta clave la manera en que se construyen los vínculos y la confianza.
Una de las dificultades graves que enfrentamos consiste en suponer que existe un vínculo previo con nuestros alumnos/usuarios, garantizado por la institución a la que pertenecemos o por el rol que desempeñamos en la esfera privada. Sin embargo, muy frecuentemente no existe una relación estructural que garantiza- como en la modernidad- que vamos a poder realizar lo que suponemos posible realizar. Eso no sucede ya, en una gran cantidad de circunstancias. En situaciones de catástrofe, no existe otra posibilidad que no sea pensar con el otro el vínculo que nos constituye, a él como sujeto y a mí como maestro. Y nuestra relación se constituye al pensarlo y actuarlo.
Punto clave: Nos cuesta aceptar que los chicos, nuestros alumnos, pueden hacer cosas sin tenernos en cuenta.
Luego, trabajosamente, ganarme la confianza de aquellos a los que sigo considerando alumnos, pero quienes, sin embargo, frecuentemente parecen más usuarios, consumidores o clientes. Puede muy bien ser que lo que surja no sea una relación pedagógica; esa lógica puede no funcionar en todas las situaciones.
Para finalizar, quiero decirles que llevar adelante tales sugerencias, requiere de dotes personales y ciertas habilidades aprendidas por los maestros. Una mezcla de talento y aprendizaje es la creatividad, No se está de acuerdo sobre si la creatividad puede enseñarse. Lo que sí puedo decirles es que una predisposición a desarrollar el potencial creativo que existe en cada uno de nosotros, es imprescindible en el planteo estratégico que acabo de hacer. Y eso sí puede aprenderse. Y si puede aprenderse puede enseñarse.
¿Qué es la creatividad?
Creatividad es juego, humor, comunicación, riesgo; es reaccionar positivamente a pesar del sufrimiento y del desamparo; es poder vivir a pesar del miedo, de la inseguridad, de la desprotección y de la impotencia; vivir de forma activa y amar, crear relaciones, ser tolerante. Habría que decir: "Soy creativo, luego existo". En esta creatividad así concebida, el papel de los padres y maestros es crucial.
Profesores: Somos el cambio que deseamos traer. Gracias por la atención. Prof Mariano GIRALDES
Prof. Nac. de E.F., Perfeccionó el conocimiento en Alemania, España, Suecia y EEUU. Preparador física de Rugby y Basketbol. Formador de Grupo de Estudios. |