La iniciación deportiva que me tocó vivir fue totalmente asistemática, en su esencia más cabal era entregar el carnét y jugar al deporte que se identificaba con la pelota elegida, así se pasaban las inolvidables tardes disfrutando del básquetbol, patín, voleibol y por supuesto fútbol.
Tener la pelota era convocar para que los demás chicos se acercaran y se formaban los primeros grupos cooperativos, es justo reconocer que hablando de otras épocas todavía priorizaba jugar con mi papá, que con su zurda y zapatillas con suela de yute (nunca usó de goma) se empecinaba en devolver una y mil veces más; como diría Atahualpa Yupanqui ya partió para el silencio…, pero eso no se olvida.
Antonio Roma era mi ídolo y solo me parecía en su buzo negro, aunque empezaba a gestarse en mi persona la necesidad de “corretear” y estar en todos lados, experimentando nuevas sensaciones.
Mi padre ya no está y ahora de grande conocí al legendario arquero, cuando me dijeron ahí está el que buscás, tuve cierto temor de decepcionarme con el que había imaginado en mi niñez, la vida me demostró una vez más que estaba equivocado. Roma superaba mis expectativas, me mostró donde atajó el legendario penal a Delém y ante mis comentarios, desde la evocación de mis cuatro años, le recordé que esquivaba árboles en Ezeiza y que hacía muchos abdominales. Grande fue mi emoción cuando me preguntó si quería ayudarlo a mantenerse entrenado en una etapa posterior a la competencia.
Por diferentes razones que todos conocemos el mundo cambió y la manera de hacer deporte, de iniciarse con las diferentes disciplinas, también; hay instituciones que de manera organizada y dirigida cubren las necesidades psicomotrices y sociales que antes posiblemente se cubrían con el juego espontáneo en el tiempo libre, era raro aburrirse, siempre había algo para hacer, en la vereda, en la puerta de casa o la esquina, la pulpo siempre estaba a mano y el empedrado permitía adaptaciones motrices ajustadas.
Ahora bien, no deberían confundirse jugar un solo deporte desde la más temprana edad con vivenciar una amplia matriz de movimientos y conocimientos generales anteriores a los 10 años, una verdadera formación motriz general, educación de base que permita desde una perspectiva cultural conocer, y desde lo motriz dar bagaje sólido a la motricidad, a los patrones motores fundamentales como el correr, saltar, lanzar, atajar, patear etc.; donde las habilidades generales se convertirán en deportivas, específicas.
Algunos serán detectados como posibles talentos, otros como jugadores que representarán al club, y otros simplemente desarrollarán habilidades que les servirán para insertarse en cualquier comunidad, manteniendo como estilo de vida una tendencia activa y sana.
Desde las distintas tareas realizadas como docente, y proyectos presentados, realizados o no, me toca en la actualidad cumplir con lo planeado.
Primero se exploran los materiales, el espacio de juego, se desarrollan y acrecientan las habilidades motoras básicas, le siguen los ajustes perceptivos (espaciales y temporales) y se van logrando los aspectos coordinativos.
Luego en una segunda etapa se perfeccionan las cadenas motrices, maduran los patrones por efecto neuromotríz y los estímulos, se mejoran las técnicas y tácticas de cada deporte manipulativo y locomotriz, el desarrollo perceptivo sigue vigente y las coordinaciones son más complejas, sin perder de vista la plasticidad y la multilateralidad se alcanzan motricidades específicas de cada gesto deportivo.
Sin restarle importancia a los juegos tradicionales, al juego reducido, modificado y aplicativo se aprende a jugar al tenis, fútbol , basquetbol, hándbol, voleibol, sóftbol, rugby (la riqueza motriz de correr para adelante y pasar para atrás), a participar de una olimpíada atlética, de un taller de lucha, judo etc.
Las evaluaciones diagnósticas y finales nos permiten corroborar los aprendizajes y el camino transitado, que hay que corregir, cambiar, mejorar.
En algunos casos 6 horas más de estimulación luego de la escuela, en otros 4 y 3 según los horarios de los niños, es un lapso de tiempo bien utilizado para el desarrollo y aprendizaje motor, para el logro del control motor; el programa de iniciación deportiva continua todo el año (nunca se lo detiene) y la colonia de verano tiene la misma tendencia de aprender a jugar a todo (en vacaciones también se aprende) agregándose natación.
El placer de la clase dada, con distintos espacios y materiales, al aire libre si el tiempo lo permite, donde bajo el sol, mojándose la cabeza e hidratándose convenientemente se juega, se aprende el deporte, se hacen nuevos amigos (quizás para siempre) y se aprende a respetar al otro (el otro también juega), el juego limpio al cual el profesor Chiesa entrenando Rugby nos dijo un día: es preferible perder la pelota a lastimar a un compañero si no se está seguro de llegar a ella…
Las edades en este caso son entre los cuatro y doce años, donde egresan del programa, promocionando a las escuelas deportivas o deportes competitivos o adonde ellos elijan libremente. (Al conocer también pueden elegir).
Normalmente pienso si nuevamente tendría que elegir como ganarme la vida abrazaría la misma profesión, posiblemente cometiendo menos errores.
En hora buena de reencontrarme con la calidez de Alicia y la sabiduría de sus libros, mi reconocimiento de siempre al Maestro (todos saben a quien me refiero) y al director de deportes amateur actual que me abrió la puerta para poder HACER LA ACCIÓN PEDAGÓGICA de cada día, con plena convicción de integrar la teoría y la práctica, para ellos mi eterno agradecimiento.
Horacio MONTANO
Profesor Nacional de Educación Física
Noviembre 2009
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