EL BICENTENARIO
Prof. Lic. Paula Mariela VAINIKOFF GERSGORIN
Palabras pronunciadas por la Prof. Lic. Paula Mariela Vainikoff Gersgorin durante las festividades en el INEF nº 1 Dr. Enrique Romero Brest - 26 de mayo 2010
Buenas tardes a todos/as: estudiantes, colegas y para todo el personal, que en el día a día dan sentido y colaboran en la construcción de nuestro instituto.
En primer lugar quiero agradecer a los organizadores de este encuentro, la posibilidad de poner en mi voz la palabra en este festejo, interesante oportunidad de hacer circular la palabra, con toda la responsabilidad que ello implica; momento tan cargado de expectativa que conlleva este 2010 marcando esta segunda centuria, parecería que nos convoca y nos obliga a repensar en nosotros, en nuestra historia, en nuestra identidad, en buscar el horizonte hacia el cual queremos dirigirnos, es un desafío que nos provoca a la reflexión.
Por ello pensando en la multiplicidad de ideas que podrían ser pertinentes para poner en escena en este encuentro, consideré oportuno invitarnos a reflexionar sobre algunos aspectos ligados a nuestra tarea, tan comprometida con los otros, como lo es la educación.
Pensando en la primera centuria el surgimiento de la Nación necesitó de intereses compartidos que garantizaran un orden social, que solo podría asegurarse a través de las instituciones. La escuela cumplió en este aspecto un papel fundamental.
La formación de “ciudadanos” proyecto de la generación del 80, que sostenía las ideas de orden y progreso, apostó a la educación como uno de los dispositivos o pilares que garantizaría la construcción de la Argentina, para lo cual era necesario formar a aquellos responsables multiplicadores “vocacionales almas” los “docentes” para encaminarlos hacia tarea tan necesariamente planificada y orientada a la construcción de un sujeto social ajustado a las normas, lo que implicaba la progresiva construcción de la ciudadanía y de un relato histórico, que explicara y justificara el proyecto que se estaba poniendo en marcha, la construcción del Estado Nacional.
La diversidad de pautas culturales, lenguas y experiencias ligadas a diferentes geografías necesitó de la Escuela Normal, formadora de los futuros docentes como los portadores de la “misión civilizatoria”, lo normal que respondía a la lógica de lo predecible, lo acotado y previsible apuntó a la búsqueda de lo homogéneo, pero la tensión provocada por la pulsión de lo heterogéneo fue creando a lo largo del tiempo la necesidad de reformular estrategias para sostener y afianzar el proyecto civilizatorio, y si bien la escuela guió en tal sentido, lo diverso y lo complejo siempre pujaron por emerger buscando nuevas miradas que posibilitaran otros caminos.
A lo largo de estos doscientos años el tejido cultural y social se fue reconfigurando, lo que nos obliga a pensar en la necesaria redefinición de la educación: el impacto de los nuevos procesos migratorios, las nuevas tecnologías, la pobreza, el trabajo infantil, la exclusión de “muchos” de los procesos productivos, la falta de trabajo, la ruptura de los lazos sociales y los intentos por recomponerlos, la recuperación y el sostenimiento de la democracia, los medios masivos, la velocidad de lo cotidiano, el impacto del consumo indiscriminado, la búsqueda de la identidad, el respeto por los derechos humanos, la violencia, la injusticia, parecerían que nos interpelan a repensar en la necesidad de recuperar los lazos que nos vinculen a los otros, buscando dar lugar a las distintas voces, a las diferentes miradas, que fortalezcan la búsqueda de lo plural para dar sentido a nuestras prácticas. Si bien antes, tal vez treinta o cincuenta años atrás, el ver a un niño/a con delantal blanco nos remitía a lo disciplinario de la escuela, al discurso hegemónico que la apuntalaba , hoy nos lleva a pensar en la oportunidad que el vestir ese delantal da como reaseguro de la pertenencia y del derecho a la educación, La falta del delantal probablemente nos remite a esa niñez que recorre su infancia en las calles recogiendo las sobras de esta sociedad que hoy festeja y en muchos casos no está pudiendo ver ni tomar en cuenta a los muchos que deja invisibles y arrojados a la exclusión.
En un mundo donde parecería que las fronteras se acercan, todos compartimos la misma red pero no todos tenemos las mismas oportunidades…
Lo cotidiano se despliega en un contexto cada vez más complejo, esto nos desafía frente a cuestiones ligadas al qué y como enseñar, que hacer para ayudar a los/as estudiantes, cada vez más vulnerables por las condiciones sociales y/o económicas que los/as atraviesan, en especial en la escuela pública.
La realidad nos interpela, parece obligarnos a poner en juego una mirada critica problematizandola, nos llama a ser intelectuales comprometidos con nuestra tarea, capaces de tener un pensamiento autónomo, crítico que permita el cambio y la reflexión frente a sujetos reales y no ideales, frente a una sociedad donde el compromiso y la lucidez son aquellos elementos urgentes y necesarios para pensar en nuestro proyecto como sociedad construida entre todos.
El bicentenario nos invita a seguir construyendo espacios de reflexión acerca de nuestras prácticas cargadas de historia, a revisarlas y tomarlas como punto de partida para crear nuevos horizontes que recuperen las voces de todos los actores sociales a través de sus deseos y proyectos en el camino hacia una sociedad más justa y solidaria.
Para terminar me gustaría aportar una breve reflexión acerca del valor que tenía la Educación para algunos de los hombres de Mayo quienes soñaban con la posibilidad de que los pueblos pudieran pensarse más libres justos y soberanos, Mariano Moreno decía en el prólogo a la traducción que hiciera del “El contrato social" de Rousseau editada en La Gaceta del año 1810:
“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”
¡Muchas gracias!
Prof. Lic. Paula Mariela VAINIKOFF GERSGORIN |