| El objetivo del presente trabajo es presentar una síntesis de algunas de estas invalorables contribuciones. Específicamente, el tema que se abordara es el de género y deporte.
Con respecto a los debates relativos a género y deporte, los mismos comienzan en la década del ’70. Precisamente en 1972, en Estados Unidos, se realiza la enmienda al Código Civil Americano en la cual se incluye el Título IX. Este documento abolió todo tipo de discriminación (ej., por motivos de género, raza, religión), en todos los programas educativos pertenecientes al estado. Esta decisión afectó a la mayoría de los programas deportivos debido a que gran parte de ellos se lleva a cabo dentro del marco educativo. A partir de ese momento se aceptó y se promovió la participación de la mujer en el deporte, estipulándose claramente que el desacato a la equidad sexual en el terreno deportivo seria penado por la ley. El Título IX fue bien recibido en otros países vecinos del norte como por ejemplo Canadá, Australia y el Reino Unido. Estos países también se sumaron al cambio propuesto por el Título IX y comenzaron a trabajar en los cambios y ajustes necesarios (Carpenter & Acosta, 2005).
Este cambio generó un movimiento de piezas particular en el tablero deportivo. Por un lado, se abrieron las oportunidades de participación en el alto rendimiento para las mujeres. Países alineados dentro de esta propuesta comenzaron a prestar atención al hecho de que sus equipos olímpicos estén representados por igual número de hombres y mujeres atletas. Lamentablemente, esta apertura de nuevas oportunidades para las mujeres fue seguida por otros espacios que se cerraron. Específicamente, lo que sucedió es que al aumentar el número de mujeres que se entrenaban y participaban en el alto rendimiento, las ofertas de puestos ejecutivos para las mujeres (entrenador, preparador físico, administrativo) disminuyeron. Algunas explicaciones tentativas sugieren que las mujeres no están representadas en las organizaciones deportivas por varias razones. Por ejemplo, se ha sugerido que las mujeres han sido socializadas de una manera diferente comparadas con los hombres (Lever, 1978) y que por los diferentes estereotipos imperantes se sienten incapaces de desempeñarse adecuadamente como lideres deportivos (Sartore & Cunningham, 2007).
Estas informaciones detalladas sobre los espacios abiertos a las mujeres están basadas en un estudio longitudinal ininterrumpido de la población norteamericana. Carpenter y Acosta editan un documento bianual (1) donde presentan información estadística actualizada sobre la situación de la mujer en el deporte. El documento indica que 30 años después de las modificaciones legales aportadas por el Título IX aún queda mucho trabajo por hacer. Un ejemplo de esto es que durante la administración de Bush se intentó retroceder en varios de los logros asociados al Título IX (Rosenthal, Morris, & Martínez, 2004).
Específicamente en el campo de la Psicología del Deporte el tema del género ha comenzado a ganar un espacio propio. Se ha estudiado el tema del abuso sexual y la violencia en mujeres deportistas. Se calcula que las tasas de denuncia que se han efectivizado hasta la fecha son sólo una mínima representación de lo que realmente sucede. En palabras de deportistas que han sido entrevistadas, el miedo a que el caso sea manipulado en su contra y que ellas sean acusadas de provocación supera el deseo de ejecutar la denuncia (Jefferson Lenskyj, 2003).
Otros trabajos se han focalizado en la inserción deportiva de las mujeres en deportes tradicionalmente asociados a los hombres. Por ejemplo, un estudio en el cual se entrevistaron mujeres golfistas llegó a la conclusión que tanto el marco del contexto social, como el institucional propio del deporte, contribuían conjuntamente a la discriminación femenina. La falta de apoyo (especialmente económico y mediático) y de reconocimiento de los logros de su labor deportiva fueron descriptos por las deportistas como difíciles de revertir. Estas mujeres comentaron que mas allá de los resultados deportivos que ellas pudieran aportar, en el golf se privilegiaban los referentes masculinos (McGinnis, McQuillan, & Chapple, 2005). Por otro lado, estudios en actividades físicas que no son típicamente femeninas (ej., físico-culturismo), llegaron a la conclusión de que las exigencias a las cuales las mujeres son sometidas son contradictorias. Por un lado se le pide a las deportistas que desarrollen una masa muscular que les permita responder a las exigencias del deporte; pero por otro lado, las normas culturales presionan a las mujeres con un mensaje que exalta el cuerpo delgado y desprovisto de musculatura (Grogan, Evans, Wright, & Hunter, 2004).
También se ha estudiado la realidad de deportes típicamente femeninos. Todos los deportes típicamente femeninos requieren expresión artística y a la belleza estética. El logro de estos requerimientos exige altos niveles de compromiso y de dedicación para con la actividad. Las deportistas sufren mucha presión con respecto al peso que deben tener, a la forma física y a la actitud artística. Para estas deportistas es tan importante ejecutar una buena rutina, como ser delgada y estar sonriente durante toda la ejecución. Además, la mayor parte de estas actividades son individuales, lo cual descuenta la posibilidad de compartir con otros pares. Finalmente, estos deportes se inician a temprana edad (ej., 5 años). Todas estas cuestiones en juego han llevado a pensar que los deportes femeninos se encuentran entre los que requieren más esfuerzo y generan mas stress (Bar-Eli, Shirom, Nir, & Malach Pines, 2004).
Finalmente, basándose en el hecho de que las mujeres atraviesan un proceso de socialización diferente al de los hombres, Krane (2008) sostuvo que los entrenadores a cargo de mujeres deportistas tienen que ser sensibles a las necesidades de sus atletas. Específicamente, la autora recomienda prestar atención al hecho de la identidad social de cada una de las atletas. Dado que históricamente el deporte ha sido entendido y aceptado como una práctica masculina, es importante que el entrenador a cargo dedique tiempo a discutir algunas cuestiones. Por ejemplo, el rol que se espera por parte de las deportistas y los posibles cambios físicos que se van a reflejar corporalmente como resultado del entrenamiento. Más allá de cómo cada una de las deportistas ha forjado su identidad social, es importante que se cree una nueva identidad de grupo o de equipo que refleje los intereses, necesidades y particularidades de cada una de las deportistas.
A primera vista, los resultados pueden parecer desalentadores. Discriminación, abuso, altos niveles de stress, estigmatización por nombrar tan solo algunos de los fenómenos que se han observado en relación a mujeres que hacen deporte. Una mirada mas optimista podría indicar que si bien el panorama no es el ideal, se ha avanzado a pasos agigantados. Por ejemplo, en las últimas décadas, las oportunidades de participación deportiva para las mujeres han aumentado notablemente (Weiss & Barber, 1995). Además, el área de género y deporte ha logrado un lugar en el ámbito de la investigación y la intervención. Los encuentros académicos más prestigiosos del mundo en el área de la Psicología del Deporte (2) colocan priorizan los estudios de género. Asimismo, es digno de mencionar que en los últimos años han aparecido importantes y variadas subvenciones para el avance en el estudio de estos temas (3). Además, hay un journal especializado en el área (4). En síntesis, la situación de la mujer en el deporte ha mejorado notablemente tanto en el campo como en el área de la producción académica. Resta aún mucho trabajo por hacer, pero hay muchos indicios disponibles acerca de cómo llevar adelante los cambios necesarios y oportunidades concretas para ejecutarlas. Sólo resta poner manos a la obra!
REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍCAS
- Bar-Eli, M., Shirom, A., Nir, M., & Malach Pines, A. (2004). Role Conflict and Burnout among Elite Israeli Female Athletes engaged in “Feminine” and “Non-Feminine” Sports”. Women in Sport and Physical Activity Journal, 13(2), 39-50.
- Carpenter, L. J., & Acosta, R. V. (2005). Title IX. Champaign, IL: Human Kinetics.
- Grogan, S., Evans, R., Wright, S., & Hunter, G. (2004). Femeneity and muscularity: Accounts of seven women body builders. Journal of Gender Studies, 13(1), 49-61.
- Jefferson Lenskyj, H. (2003). Gender issues in sport. Nelson, ON: Canadian Sport Sociology.
- Krane, V. (2008). Gendered social dynamics in sport. In M. Beauchamp & M. A. Eys (Eds.), Group dynamics in exercise and sport psychology : Contemporary themes (pp. 159-176). London, NY: Routledge.
- Lever, J. (1978). Sex Differences in the Complexity of Children's Play and Games. American Sociological Review, 43(4), 471-483.
- McGinnis, L., McQuillan, J., & Chapple, C. L. (2005). I just want to play: Women, sexism, and persistence in golf. Journal of Sport & Social Issues, 29(3), 313-337.
- Rosenthal, C., Morris, M. L., & Martínez, J. (2004). Who’s on first and what’s on second?: Assessing interest group strategies on Title IX. Women in Sport and Physical Activity Journal 13(2), 65-86.
- Sartore, M. L., & Cunningham, G. B. (2007). Explaining the under-representation of women in leadership positions of sport organizations: A symbolic interactionist perspective. Quest, 59, 244-265.
- Weiss, M. R., & Barber, H. (1995). Socialization influences of collegiate female athletes: A tale of two decades. Sex Roles, 33(1/2), 129-140.
(1) El documento es de libre acceso y puede bajarse de los siguientes sitios: ttp://webpages.charter.net/womeninsport/ o en www.acostacarpenter.ORG. La versión más actualizada presenta el relevamiento de datos realizado entre los años 1977 y 2008.
(2) Ejemplos de encuentros académicos prestigiosos son el Congreso Mundial de Psicología del Deporte (ISSP) o el encuentro anual de la Sociedad Norteamericana para al Psicología del Deporte y del Ejercicio (NASPSPA).
(3 )Incluso Australia, Canadá y Estados Unidos tienen programas de cooperación internacional de becas de estudio y de investigación.
(4) El journal se llama Women in Sport and Physical Activity Journal [Mujeres en el deporte y en la actividad física].
Sandra PELÁEZ, Ph.D. (c)
Concordia University
Montreal, Quebec, Canadá |